26 de septiembre de 2015

Parte XII

El doce de marzo empece mi ultimo año facultativo. Me faltaban cursar y rendir las seis ultimas materias de la carrera.
No sé porque fue también ese mismo día que decidí volver a esa pequeña librería a la que después de terminar de Federico no volví nunca mas.
Como siempre fui a la parte de los libros usados. Rebusque y encontré unos cuantos libros de Cortazar que sume a mi colección. Me gusta tener mi biblioteca intacta en Misiones, así que cuando puedo compro de a pares. Uno para la docta, uno para la tierra colorada.
Ese dia hacia calor pero corria un viento refrescante, de esos que te dan ganas de sentarte en el primer bar al aire libre con un jugo de naranja recien exprimido, tenia dos horas antes de entrar al gimnasio, asi que fue exactamente eso lo que hice.
Encontré un bar bien rústicos con una terraza todo de madera, sillas, mesas, piso. Toda la decoración era una enredadera llena de flores blancas chiquititas y con algo de olor a jazmín. Era el cielo para mi.
Habían sólo tres mesas ocupadas de las veinte que tenían. Me senté en un rincón, pedí el jugo de naranja y comencé a leer por tercera vez "Rayuela"
Estaba casi terminando el jugo cuando algo me hizo sentir incomoda, había algo que me obligaba a levantar la vista del libro. Esto es lo que tiene el sexto sentido, que te advierte cuando hay algo que va a poner de nuevo tu mundo patas para arriba.
Levanto la mirada y lo veo venir, Federico, con la sonrisa mas grande que jamas le haya visto dibujada en la cara.
Ahí estaba después de todos estos meses, en un bar en el que jamas me iba a imaginar que me lo podía encontrar.
Me quedé helada, petrificada. Estaba tan lindo con una camisa blanca, jeans y lentes. Bronceado, muy bronceado. Todo en el desprendía actitud ganadora. Todo él era hermoso. Todo lo que creí que había dejado atrás, volvió en lo que dura un chasquido de dedos.
No podía emitir palabra, ni así quisiera.
- No puedo creer que de todos los bares te encuentre justo a vos acá - me dice sin perder la sonrisa mientras se saca los lentes.
No, no y no, no puede ser tan lindo.
Me levanto cuando siento que las piernas me vuelves a responder y lo saludo con un beso en el cachete. Su perfume me perforo el cerebro. Sus ojos hicieron que me estallaran los sesos por todos lados.
- Fede, como andas? tanto tiempo! - mi tono de sorpresa era inevitable. Los dos nos reíamos como tontos.
- Bien - me dice - vos? - me mira, me come con la mirada y yo sigo como una tonta parada con el libro en la mano.
-  Bien, leyendo un poco como para no perder la costumbre - le digo mientras levanto un tanto timida el libro que tenia en la mano.
- No puedo creer que te haya encontrado acá, en serio. Nunca se me hubiera cruzado por la cabeza.
Me rio porque no se que decir. Se da cuenta de mi incomodidad.
- Tomamos una cerveza? - me pregunta de forma tan tierna que me es imposible decirle que no.
- Estaba tratando de hacer vida sana, no se si observas que estoy tomando un jugo de naranja.- me rio.
- Podes hacer una excepción por este encuentro? yo vine pensando en merendar un licuado, pero ahora creo que una cerveza me viene mejor.
No se me borra la sonrisa de la cara. Asiento con la cabeza mientras me voy sentando.
Viene la moza, pedimos la cerveza y no hablamos, solo nos sonreímos hasta que llega la chica con la botella, dos vasos helados y un poco de maní.
- Contame de vos. En que anduviste todos estos meses? - me pregunta mientras me sirve la cerveza.
- No mucho- le digo - lo mismo de siempre digamos.. vos?
- No mucho tampoco, lo mismo de siempre.- me contesta tomándome el pelo - que tal las vacaciones? adonde fuiste que todavía estas tan bronceada?- me pregunta mientras termina de servir su vaso y lo deja sobre la mesa.
- Brasil con mis viejos. Hice las vacaciones de y con una pareja de casi 60 años, imagínate, una joda mi vida- no pierdo la sonrisa. Me esta empezando a dolor la mandíbula.
- Brindamos? - me pregunta mirándome a los ojos. - Por el encuentro - se pasa la mano por el pelo - todavía no me lo puedo creer - me dice en tono cómplice.
- Salud - le digo. Chocamos los vasos y tomo un poco sin perder el contacto visual.- Vos? tus vacaciones? - Pregunto eso cuando en realidad lo que quiero preguntar es ya conociste a alguien? me extrañaste un poquito todos estos meses?
- Bien, me fui a Cuba volví la semana pasada.
- Ah, por eso tu bronceado
- si, me fui con Sabrina y el futuro esposo. Imaginate la joda de mis vacaciones. Lo de ellos fue casi una luna de miel.
Me rio con carcajadas. Dios, como lo extrañe.
- y? me pregunta
- y que? - le retruco.
- Algún garoto por Brasil? - lo pregunta tan serio que hace que me tiente de nuevo.
- No, nada.- no le pregunto a el porque no estoy segura de querer saber la respuesta. Me mira como examinándome.
- No te creo - me dice en tono de chiste.
- No me importa - le contesto tratando de hacerme la seria.
- Estas callada. No se. Hay algo raro. Desde que me senté no me tiraste ni uno de tus chistes sarcásticos.- me dice insitandome a una charla mas suelta.
Suspiro y le digo la verdad
-No se que decirte. Creo que todavía estoy shoqueada de verte.- me sonrío y apuro la cerveza.
- Que loco no? - me contesta pensativo.
- Si, muy mucho como dicen por acá.
No me dice nada, solo me mira y se que esta buscando las palabras para decirme algo pero no estoy segura de que.
- Mía, yo estuve mal con vos. Estuve muy mal. No se como pedirte disculpas. - me mira y veo que realmente esta arrepentido. A la mierda la charla distendida pienso yo.
- Esta bien Fede, en serio. Ya paso.- levanto un poco los hombros como resignada. Y me acuerdo de la ultima vez que fue a mi casa. - Y ya te dije que te había perdonado. Ya esta, en serio. - hago énfasis en el "ya esta"
- Te veo bien - me dice algo cauteloso - y no se si es posible pero estas mas linda que la ultima vez que te vi.
Me sonrío tanto que creo que se me va a salir la cara de lugar.
- Eso me suena a otro brindis, por estar mas linda que nunca- le guiño el ojo y volvemos a brindar.
- En serio quiero saber, que hiciste estos meses?
- No mucho. Estuve hasta las manos con la rendida, cuando podía me pegaba una escapada a las sierras, me volví a casa para las fiestas, después Brasil. Volví el primero de febrero y arranque con la rutina. No hay mucho para contar. Vos?
- El estudio me estaba matando. Se nos juntaron todos los trabajos en diciembre y enero. Por eso me fui tan tarde de vacaciones. Me iba todos los findes a las sierras con mi familia, pasamos las fiestas allá. Me tomé esos días y después volví a la oficina. Estaba desierta la ciudad.
Estaba por decirle alguna cosa sin sentido cuando siguió hablando.
-Sabes que fue lo primero que se me vino a la cabeza la primera vez que fui a la casona después de lo nuestro? - me lo pregunto medio cabizbajo.
Se me disparo el corazón. Negué con la cabeza.
- La cantidad de veces que te dije que íbamos a ir - hace una pausa y suspira - y al final nunca fuimos.
Lo miro y no me salen las palabras, otra vez.
Me suena el teléfono. Es una llamada de un numero que no conozco. La dejo pasar.
-Contame de Cuba - le digo entusiasmada. - Siempre quise conocer.
Me cuenta, me habla media hora de la cultura, la comida, las tradiciones, la arquitectura, todo el es tan detallista.
Pedimos una segunda cerveza, y una tercera mientras hablamos de mis planes a futuro, de los suyos, del futuro casamiento de su hermana, de mis viejos, de la noche. Hablamos tanto que cuando me doy cuenta son las diez y media de la noche.
Cuando nos estamos yendo me dice te llevo.
- No, no te preocupes, esta hermosa la noche para caminar.
-Dale, te llevo, no me cuesta nada.
Ya estamos parados cara a cara y la cerveza no paso desapercibida en mi organismo. Me muero por besarlo. Me duele la panza de las ganas de besarlo. Me queman los labios. Pero es mejor seguir adelante, así que paso al lado de el mientras le digo que si, me puede llevar.
Subo al auto y automáticamente me arrepiento.
-Como no me hablaste de ninguna mudanza calculo que seguirás viviendo en el mismo lugar de siempre no? - me pregunta apenas se sube al auto.
- Si, mismo lugar. - le digo mientras me pierdo en la ventanilla.
Pone la radio y no hablamos, en menos de cinco minutos esta en la puerta de mi casa.
Me giro un poco en el asiento para mirarlo cuando estaciona.
- Me gusto verte, me alegro en serio verte bien.
- A mi también me gusto verte.- me dice mientras por primera vez en toda tarde-noche me acaricia el brazo.- Y te quiero volver a ver.






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